—Gianna… —su cuerpo se giró completo ante esos brazos que la envolvieron entera.
Ella no supo en qué lugar se habían detenido, pero conocía esta callejuela de una sola vía, que daba con una pared al final de arbustos, y que era poco concurrida.
Sus pies se movieron con la fuerza que Enzo ejerció para adentrarla al callejón, y sus brazos vinieron a envolverla completa, mientras su cabeza reposó en su pecho.
Era tan alto y tan fuerte, y en estos momentos en que sus emociones estaban tan débiles,