Los tres estaban sentados en una mesa de la cafetería, al menos cuarenta minutos después de toda la revisión, y los resultados.
—Yo… me siento muy feliz por ustedes dos… realmente esto es… increíble… —los pensamientos de Enzo se despejaron, mientras vio cómo Gianna tomaba su taza de capuchino en sus dos manos y los felicitaba.
Ella parecía de otro mundo. Porque a pesar de recibir un ataque tan vil como el de Antonella, aquí se alegraba por su felicidad. «¿De qué estaba hecha?»
—Gracias… —Antone