Gianna se bajó del taxi de dónde venía, y se quedó de pie mirando el edificio nuevo, donde supuestamente trabajaría ahora. Y ver ese apellido “Cavalli” en el tope del edificio solo hacía que su pulso se acelerara.
Aquí estaba comenzando de nuevo como si todo su esfuerzo se hubiese esfumado de la noche a la mañana, y aunque quizás este sería un mejor puesto de trabajo en todos los sentidos, de seguro iba a extrañar ese piso, que fue su único aliento por años.
Al menos aquí no tenía que llevar un