62. CONTINUACIÓN

LA PRINCESA:

Suspiré triste; de seguro que, cuando supiera quién era, no lo volvería a ver, como pasa siempre. Me había caído muy bien este apuesto caballero. Para mi sorpresa, lo escuché decir:

—Me verás cada vez que lo desees; no temas.

—¿Cómo…, cómo hiciste eso? —pregunté, asombrada.

—No lo sé; te escucho en mi cabeza —contestó, y luego prens
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