Melor
—Joder, Amelia.—
Ella está encima de mí, empezando a montar, y lo único que puedo hacer es mirarla.
Mis manos agarran sus caderas mientras ella empieza a moverse. Su calor me envuelve, y cada vez que se desliza hacia abajo, es como si me arrastrara más profundamente hacia algo de lo que no puedo escapar, algo de lo que no quiero escapar.
—Te sientes tan bien—, murmuro con voz áspera, casi desesperada. No estoy acostumbrado a sentirme así, tan vulnerable. Soy un hombre que domina, que toma