Lejos de Sasha.
Mi bata ondea. La aprieto con más fuerza y sigo moviéndome, esperando casi que una mano se cierre sobre mi brazo, que una voz me diga que vuelva arriba, donde estoy a salvo, bajo control y vigilada.
Pero cuando miro por encima del hombro, veo que nadie me sigue. Ni Sasha, ni Bogdan… nadie.
¿En qué me he metido?
Al llegar a la esquina de la manzana, me detengo y miro hacia atrás. La torre brilla, impasible. Mi mirada se eleva, hasta las ventanas del ático en lo más alto. El cielo