Abram
El rostro de Isabella llena el monitor: piel color oliva dorado, cabello negro brillante recogido en un moño severo, un solo collar de perlas que luce desarmantemente doméstico para una mujer que controla la mitad del submundo de Las Vegas.
La lluvia afuera de su mansión cae sobre la cámara en rayas grises, pero sus ojos son agudos y divertidos.
Me recuesto en la silla de mi oficina, juntando los dedos. —Les advertimos dos veces. A la tercera, les sacamos sangre—.
Ella asiente. —Asústenlo