Mundo ficciónIniciar sesiónInclino la cabeza, permitiéndole sentir el calor de mi atención como una mano deslizándose sobre su piel. —Quiero saber qué te hace suspirar—, digo finalmente. —Qué te hace maldecir. Qué te hace perder la compostura—.
Sus labios se abren ligeramente. Un rubor sube por su garganta, delicado y rosado. —Ni siquiera sé tu nombre—, dice. No es una protesta, es una armadura, delgada y temblorosa.
Sonr







