Pablo
Una semana después…
—Informe.—
—Nada inusual —dice Iván—. No hay contactos desconocidos, ni señales de vigilancia, ni intentos de acercarse a ella.
Dima asiente. «Visita la casa de Andreev cada pocos días, se queda unas horas y luego vuelve».
—Bien. Que siga así —ordeno—. Si alguien la mira, quiero saberlo. Si su rutina cambia, quiero saberlo. Inmediatamente.
Tamborileo con los dedos sobre el escritorio, pensando. —¿No se reunirá con nadie fuera de su familia?—
Dima niega con la cabeza. —