—No, todavía llevas pantalones cortos. Te habría desnudado —respondí, conteniendo la tentación de frotarme contra ella, con la polla apretada contra los pantalones, desesperado por volver a penetrar su estrecho coño.
Todo a su debido tiempo, joder.
La sonrisa de Sofía se ensanchó al bajarse los pantalones cortos. Me moví para ayudarla a quitárselos. Cuando estuvo desnuda, me quedé sin aliento.
Ella no era nada más que pura perfección.
—¿Y luego qué?— susurró.
—Entonces te marcaría —respondí, bajando mi boca hasta la curva de sus pechos. Ella jadeó cuando hundí mis dientes en la tierna carne, chupándola entre mis labios y haciendo que la sangre corriera a la superficie de su piel de porcelana—. Te marcaría para que todo el maldito mundo supiera que me perteneces.
Me moví hacia su otra teta, mordisqueando su pezón y tirando del capullo tenso. Arqueó la espalda mientras gemía. Moví la boca un centímetro, liberando su pezón para morder la piel y succionar con fuerza. Tras varios segundos,