Aunque no me importaba estar encerrado en el búnker —después de todo, había cumplido con lo que Kai pretendía, aunque casi me quitara la vida en el intento—, estaba más que listo para volver a casa. Al menos entonces, tendría cosas que me entretuvieran.
Pasaron horas y horas, y a pesar de esforzarme al máximo por no dejar que se notara mi aburrimiento, Tales se dio cuenta. Se levantó, crujiendo la columna al estirarse, y se acercó a donde yo estaba sentada en el sofá, intentando, sin éxito, leer un libro de administración de empresas que había encontrado tirado en el búnker.
—Estás aburrido —dijo, tomando el libro de mi mano y arrojándolo sobre la mesa frente al sofá.
—Mentiroso. —Arqueó una ceja y me miró fijamente hasta que sonreí.
Bueno, quizá me aburra un poco. Pero no quiero distraerte.
—Necesito un respiro. No sé qué demonios ha hecho Ash, pero no consigo nada burlando su seguridad. —Sonrió con suficiencia al ver la expresión vacía que sin duda tenía en la cara. Sabía usar una c