Ese día, en cuanto digerí lo qué pasaba, me solté de sus brazos y después de bajarme apresuradamente la falda, hui de la escena. Me oculté en mi habitación el resto del día, avergonzada por completo, y humillada aún más. Sí la había visto aparecer, ¿por qué no se había detenido? ¿Acaso no le importaba lo humillante que era eso para ambas?
Dos días después de ese penoso acontecimiento, apenas terminé de darme un largo y reflexivo baño, una chica del servicio entró en mi habitación con una gran