La había visto sangrar frente a mí, desvaneciéndose poco a poco. La había visto mirarme una última vez, tirada en el suelo de esa casa en ruinas. Había visto exhalar su último aliento. Había muerto mientras yo la llamaba y el señor Fabian me arrastraba lejos de ella.
Había gritado su nombre y llorado por ella.
Así que, la mujer frente a mí, no podía ser Isabel. Era imposible que Isabel estuviera allí, de pie sonriente frente al señor Riva.
—He estado esperando verte —le dijo entre una sonris