Apenas volví a la mansión, los hombres que custodiaban las rejas corrieron a mi encuentro.
—¡Avisa al señor que la chica ha vuelto! —ordenó uno.
Tras la orden, otro de ellos corrió hacia la mansión, atravesando los árboles y jardines.
—Has violado la orden del jefe y has escapado. ¿Por qué? —exigió saber uno de ellos, tomándome del brazo y tirando de mí como si fuese alguna criminal.
Luego de reunirme con mi padre, estuve vagando por la ciudad, procesando el dolor y la despedida definitiva