No imaginé ni por un minuto a dónde nos dirigíamos, tal vez por eso me sorprendí cuando terminamos a las puertas de un edificio alto y pintando de rojo, con puertas negras y un enorme letrero brillante que en letras curvas decía Burdel Odisea.
Nunca había visto la increíble fachada del prostíbulo más popular de la ciudad, pero era impresionante. Tanto que apenas fue consciente cuando el señor Riva dejó el auto y se dirigió a la puerta.
Yo lo seguí, sintiendo las miradas de los hombres que esp