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cuando salí de la oficina de mi hermano, el señor Lombardo me intercepto.
— ¿puedo hablar contigo? — Me preguntó.
Yo lo dude por un momento pero después asentí con la cabeza.
Él me llevo al jardín, allí no había nadie, así que podíamos hablar bastante agusto.
— Se que te gusta Viviano, y por lo que acabo de ver, a el también le gustas — Me dijo.
Yo levanté la ceja, que se supone él había visto.
— No lo entiendo — Le dije un poco nerviosa.
— Ví como Viviano te comía con la mirada, y estoy segu