MI PERFECTO MATRIMONIO
MI PERFECTO MATRIMONIO
Por: Tatty G.H
PERFECTOS ERRORES

Mareada, me deslicé por la pared y me llevé una mano al pecho, mi corazón latía rápido y frenético, parecía querer estallar.

—N-Nora... —murmuré el nombre de mi amiga, mientras caminaba dificultosamente por esos solitarios pasillos.

Quería encontrar la salida e irme de allí, buscar ayuda o solo respirar un poco de aire limpio. No quería seguir en ese lugar, en realidad, no había querido asistir desde un principio, pero Nora, mi mejor amiga, me había convencido. Esa noche era la última fiesta de su generación antes de la graduación, y estaban festejándolo a lo grande en un lujoso penhouse en un famoso hotel, bebiendo caras bebidas; todo como obsequio de su Padrino de Generación, un empresario extranjero.

—N-Nora.... ¿Dónde estás? —parpadeé con la vista cada vez más borrosa, caminando torpemente y tropezándome con mis propios tacones.

El corto vestido de terciopelo plateado acariciaba mis muslos y los delgados tirantes se deslizaban de mis hombros, a punto de mostrar mi brassier. Estaba ebria, así me sentía, aunque apenas había bebido un trago que Nora me había hecho tomar a fuerzas cuando le pedí irnos de ese hotel. Pero ese trago había sido suficiente para marearme y hacerme perder el sentido.

No lo entendía, solo había sido una bebida. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué un trago me afectaba tanto?

Sin saber qué hacer, me aferré a una puerta en el fondo de un pasillo y con torpeza logré girar la perilla. Entré en una habitación oscura, tambaleándome y cada vez más aturdida. Inmersa en gran oscuridad, me sujeté a los muebles y después de sacarme los tacones, busqué a tientas la forma de encender la luz.

Sin embargo, está se encendió de forma repentina. Y cuando me di la vuelta para averiguar cómo había pasado, me encontré con la sombra de un hombre a pocos pasos de mí. 

—¿Qué hace aquí? —dijo con voz rasposa, demandante.

Su altura era mucho mayor que la mía, vestía un formal pantalón negro y una camisa blanca a medio desabotonar, podía ver gran parte de su pecho. Su cabello era un revoltijo y su mirada estaba tan perdida como la mía. En una mano sostenía una botella de caro whiskey escoces casi vacía, mientras que en la otra apretaba algo dentro de su puño.

—¿Por qué entró aquí? —exigió saber, traspasándome con unos desconfiados y extraños ojos grises metalizados.

Yo lo miré con los labios abiertos, impresionada. Era apuesto, de rasgos definidos y expresivos, cejas pobladas y pómulos altos; aparentaba menos de 30 años. Su porte era imponente, casi intimidante.

Por su parte, él me recorrió desde los descalzos pies, subiendo por mi vulgar vestido, hasta dar con mis ojos desenfocados por la bebida. Pero su mirada era igual que la mía, perdida por la bebida. Quizás estaba más ebrio que yo. ¿Quién era? Estaba claro que no era un universitario.

Sin embargo, no tardé en dejar de preguntarme quién era. Pues debido a la bebida, su rostro no tardó en transformarse en otro, en uno muy querido para mí. 

—Israel... —exhalé.

De pronto, quién estaba frente a mí era alguien a quién no veía en meses, mi mejor amigo y de quién llevaba años enamorada. Él había vuelto, estaba en ese penhouse, en esa fiesta de universitarios. Sin dudarlo un segundo, me dirigí a él y me abracé a su torso.

—Te eché tanto de menos. No tienes idea de cuánto.

Él pareció desconcertado en un inicio, pero después sus brazos me rodearon y dijo haberme extrañado también. No pensé en nada más, ni siquiera en que su complexión física era distinta, más musculosa y definida; o porque su colonia olía diferente.

Esa noche fue difusa, solo sentí el efecto de la bebida terminar de adormecer mis sentidos y bloquear toda razón. Tal vez por ello no me resistí cuando Israel me levantó en brazos y me besó de lleno en los labios, llamándome por otro nombre.

Me agité entre sueños, sintiendo las sábanas enredarse en mis piernas, eran suaves, muy cómodas y frescas. Pero apenas desperté en poco, noté un horrible dolor atravesar mi cabeza y una sensación de nauseas inundar en mi estómago.

Abrí los ojos y me senté en la oscuridad, era de noche. Me sentía terrible y aun algo mareada. Con ojos adormilados miré a mi alrededor en busca de mi mochila, donde guardaba pastillas.

Aunque, nunca encontré la mochila, en realidad, no encontré nada mío en esa habitación, a excepción de mi vestido en el suelo y mis zapatos en la puerta. Con la respiración contenida, al fin caí en cuenta que no estaba en mi habitación y recordé el penhouse, el trago de Nora y todo lo demás.

Me recordé perdida. Imágenes de mí recorriendo los pasillos de ese penhouse vinieron a mi mente en vivos colores. Me vi sosteniéndome de las paredes, entrando en una oscura habitación, luego se encendió la luz y un hombre...

Un hombre frente a mí.

—No...

Mi voz se perdió cuando, a mi lado, alguien se agitó en sueños y se giró en la cama, rozándome las caderas. Temblé y mordiéndome el labio, miré sobre el hombro.

Sabía lo que vería, pero aun así me cayó como un balde de agua helada. A mi lado, en esa cama de sabanas de satín negro, había un hombre dormido; su pecho desnudo subía y bajaba al compás de su respiración, y las sábanas lo cubrían de las caderas para abajo. Pero supe que se encontraba desnudo, porque junto a él estaba yo, sentada y sin ropa, desnuda totalmente.

Al ver su rostro dormido, vi que se trataba del tipo apuesto con quién me había topado al entrar allí, un desconocido. Exhalé despacio, palideciendo de pies a cabeza.

—¿Cómo...? —gemí.

Cerré los labios y me cubrí la cara, llevándome las rodillas al pecho. Pero al hacerlo, noté un molesto dolor en las caderas, un dolor tirante y desconocido. ¿Yo había... dormido con ese hombre?

Antes de procesar bien mi propia pregunta, salí de la cama y con torpeza recogí cada prenda mía. En el suelo también había ropa suya, junto con botellas de vino y colillas de cigarros. 

Sin fijarme en nada, me vestí en el pasillo y dejé el penhouse, ya vacío. En plena madrugada, me fui caminando a casa y cuando llegué llamé a mi amiga Nora, ella ya se encontraba en su casa, arreglándose para su graduación de esa tarde. 

—¿Estás bien, Suzy? —inquirió Nora desde el teléfono—. Te oyes extraña. ¿A dónde fuiste después de la fiesta?

Miré al suelo mordiéndome el labio. Y fui capaz de contarle nada, estaba tan avergonzada y decepcionada de mí misma que quería desaparecer.

Cuando colgué, me senté en el suelo y me miré la botella de agua carbonatada en mis manos, preguntándome cómo había terminado así, durmiendo con extraños, teniendo mi primera vez con un desconocido.

—Qué tonta, qué tonta... —me reprendí tapándome la cara—. ¡Cómo pudiste!

Me quedé en mi habitación hasta que llegó la tarde, entonces me levanté del suelo y comencé a arreglarme para la graduación de Nora. Aun me dolía la cabeza y no tenía ánimos para ir con ella, pero tampoco podía dejarla sola.

Cuando llegó la hora, dejé mi departamento y me dirigí a la universidad en taxi. Llegué un poco tarde, pero justo a tiempo para verla recibir su título.

—¡Felicidades! —articulé en silencio, sacudiendo la mano en el aire y tomando asiento en las gradas. Ese día se graduaba de la Licenciatura de administración de empresas, se había esforzado mucho por ello.

Desde su lugar, ella me sonrió y me señaló al frente, donde en ese momento el director cedía el micrófono al padrino de Generación. Sonreí y, rodando los ojos, también miré hacía el estrado.

Incluso a esa distancia, pude ver que el Padrino de Generación era un hombre alto y vestido con formalidad, joven y tan apuesto que todas las chicas de inmediato posaron su completa atención en él...

Mi sonrisa se borró de golpe y sentí mi cuerpo débil. El Padrino de Generación era él, era el hombre del penhouse. El mismo con el que yo...

—Profesores, director —comenzó su discurso, tenía una voz grave y pasional—, invitados de honor y, por supuesto, alumnos y padres de familia, es para mí un gran honor el estar aquí hoy, con ustedes, en este especial y memorable día.

Hubo aplausos mientras él se arreglaba la corbata y les sonreía con carisma a los graduados. Con la cara pálida, uní mis manos y me quedé quieta, intentando aplacar mis nervios. ¿Cómo había terminado así... durmiendo con él? 

¿Por qué...? ¿Por qué ese hombre había estado en la fiesta? Sin embargo, inmediatamente recordé que esa fiesta había sido patrocinada por él, había sido un regalo de graduación suyo.

—Mi nombre es Gabriel Bastián y soy Ceo del Grupo Business B, una de las mejores empresas inversionistas del sector en la actualidad—sonrió arrebatadoramente, provocando que un sudor frio bajara por mi columna.

¿Por qué él? Deseé que todo eso fuese un engaño de mi mente. Deseé salir huyendo de allí.

—Y hoy tengo el placer de ser padrino de esta Generación de graduados, quisiera expresar el orgullo que este gran honor me ha dado.

Hubo otra horda de aplausos hacía ese impresionante hombre de oscuros cabellos castaños y sonrisa franca. Era verdaderamente guapo, y demasiado joven para ser un Ceo. Según los medios, el señor Bastián rondaba los 30 años y era soltero, además de adinerado.

Sus ojos grises, vivaces y metalizados, recorrieron las filas de graduados.

—De entre todas las cosas buenas que tiene la vida, hoy nos toca presenciar el cierre de un ciclo, y como se abre uno nuevo.

Al decirlo, su aguda mirada dejó a los graduados frente a él y se posó sobre las personas en las gradas. Aunque aparté la vista y fingí indiferencia, pude sentir como mi tensión atraía su atención. ¿Él me reconocía? ¿Me recordaba de esa noche? Ambos habíamos bebido, no debería acordarse de mí.

El Ceo permaneció mirándome un momento antes de devolver su atención a los graduados.

—Jóvenes —dijo como si nada, sonriendo—, quiero felicitarlos porque han logrado subir un escalón más de su vida, un escalón que forja el carácter y siembra la sabiduría de sus vidas, ¡felicidades!

Todos se pusieron de pie y volvieron a aplaudir. Los graduados se levantaron y, entre vítores, arrojaron sus birretes de graduación al aire, mientras que, en el fondo, la voz gruesa y profunda del Ceo concluía la ceremonia.

—Felicidades a esas personas que estuvieron con ustedes, ¡y felicidades a ustedes, graduados, porque han logrado superar este importante peldaño de esta pirámide que es la vida!

Entre vítores y más aplausos, los graduados despidieron a su Padrino de Generación y él se marchó sin decir más, no volteó a verme de nuevo. Cuando la emoción se calmó un poco, los alumnos buscaron a sus padres y amigos.

Nora se acercó y me abrazó, tan orgullosa de sí misma.

—¡Muchas felicidades! ¡Lo lograste! —le dije, también abrazándola, aun nerviosa.

Mi amiga me apretó contra sí. 

—Gracias por estar aquí, Suzy. Cuando sea tu momento, yo también asistiré a tu graduación.

Sonreí un poco, yo apenas tenía 21, y me faltaba demasiado para concluir mi carrera. Y después de saber que mi error más grande había sido con ese hombre tan importante, empezaba a creer que mi futuro estaría fichado.

—Nora, el penhouse donde fue la fiesta, es propiedad del... ¿Ceo Bastián?

Entusiasmada, ella asintió enseguida, rompiéndome el alma.

—Lo es. De hecho, muchos amigos míos dicen que suele vivir allí. Aunque parece que anoche no estuvo —terminó con un puchero juguetón.

Yo sentí una horrible presión en la garganta.

Siempre había oído hablar de él, desde mi entrada a esa universidad. Gabriel Bastián era alguien muy importante. Daba cuantiosos apoyos a la universidad, tenía una gran amistad con el rector, sus asociaciones ayudaban a los egresados a encontrar empleo, incluso él contrataba a muchos de ellos en sus variados negocios.

Además, estaban las becas que su empresa multinacional ofrecía a los universitarios, estudiantes como yo. En realidad, solo de esa forma yo había logrado entrar a la universidad, gracias a la beca que él me daba por mes. Sin ella, seguir mi carrera sería imposible, y mis estudios lo eran todo para mí. 

Pero, después de lo ocurrido, ¿mi beca seguiría siendo mía? Sí él sabía que había dormido conmigo, ¿me buscaría para quitarme su apoyo?

Sentí los ojos húmedos. 

—Nora, me equivoqué. Cometí un grave error.

Y entre lágrimas le conté todo lo que había ocurrido esa noche, ella pareció escéptica al principio, pero cuando vio mi miedo y las lágrimas en mis ojos, al fin me creyó. Prometió no decir nada y ayudarme en caso de que el señor Bastián me hubiese reconocido y me quitará la beca que pagaba mis estudios.

Pero afortunadamente no fue necesario, pues ese hombre nunca me buscó ni pareció mostrar interés en mí. No volvió a visitar la universidad cuando volví de vacaciones, solo siguió su vida y yo la mía. Al menos, hasta unos días después, cuando saltaron las alarmas en mí...

Cuando supe que esa noche no había terminado allí.

Después de revisar mi calendario una y otra vez, mirando fijamente el día que marcaba el inicio de mi ciclo, terminé en el baño de la universidad sosteniendo una prueba de embarazo con manos temblorosas.

Tenía un retraso de una semana, y yo sabía que eso no era normal en mí, no cuando había sido regular toda mi vida.

—Por favor, por favor no...

Pero cuando giré la prueba y revelé el resultado, dos líneas rosadas detuvieron mis plegarias abruptamente. Al mismo tiempo, el aire de mis pulmones escapó lentamente, dejándome conmocionada. A punto de quebrarme y romper a llorar, miré las nítidas líneas en la prueba.

Estaba embarazada.

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