Capítulo 36. La suerte de Mariana
Mariana salió al jardín por la puerta de la cocina para contestar el teléfono. Era su hermana quien la llamaba.
—¡Uy, hermanita! —le dijo Camille—. Si no te llamo, no me llamas. Por lo que veo, te la estás pasando en grande, ya que no has tenido tiempo ni para marcarme desde que te fuiste. Y, por lo visto, tampoco has llamado a Bruno.
Mariana soltó una risa, y al momento recordó que, desde que había llegado a España, no había llamado a ninguno de sus hermanos.
—Lo siento, Cam —respondió ella—.