—No estaba escuchando, solo pasaba por aquí—digo y continuó mi camino, pero en un movimiento rápido atrapa mi codo en su mano.
—¿Qué escuchaste, Ginebra?—inquiere, mientras aprieta un poco más fuerte mi brazo.
—¡Suéltame, me estás lastimando! —le aviso. —, No escuche nada, solo pasaba por aquí.
—¡Mentirosa!—ejerció más fuerza, mi brazo quemaba.—, Dime la verdad o no te soltaré.
—¡Déjame en paz!—volví a gritarle, en eso la puerta se abre.
—¿Qué está pasando aquí?—habla Piero con ese carácter ca