11. CONEJA.
—¿Qué haces aquí?
—Llevas dos semanas sin ir a terapia.
—¿Y? —digo ya fastidiado.
—No puedes faltar y lo sabes —lo escucho suspirar, está cansado y yo igual—. Aunque te hagas el desentendido.
—No, no te equivoques. No puedo faltar porque tu así lo quieres. Pero no necesito ir a terapia.
—Eso no dice tu terapista.
—Y nunca te va a decir lo contrario, pagas una alta suma de dinero. Eres como un cajero automático para esa mujer.
—Aiden, hijo. Es por tu bien. Es porque te amamos, tu madre está preo