Llaman suavemente a la puerta por la mañana, y esta vez no finjo dormir. De hecho, apenas dormí, con la conversación de Herson y Zeky resonando en mi cabeza una y otra vez. Y junto con eso, mis propios pensamientos, mis propias dudas, mis propias advertencias. Fue una tontería quedarme, pero seguro que voy a desayunar antes de irme.
—Entra—, digo en voz alta.
Zeky abre la puerta con un vaso de jugo de naranja y una bolsa de papel en la mano, y entra Herson con un plato. Sonrío al oler y ver los