Dos días después, la mañana comenzó tranquila en la casa. Anna le había dado el día libre a Tatiana para que visitara a su madre en el campo, por lo que le tocó encargarse de Lucas sola.
—¡Quiero tortilla, quiero tortilla! —exclamaba Lucas, golpeando la superficie de la mesa con los cubiertos de una forma que provocaba risa.
Mikhail y Anna intercambiaron una mirada divertida ante el buen ánimo de su hijo. Sin embargo, Anna volvió a centrarse en acomodar la mesa.
—Mamá, hazme la tortilla con una