La expresión de Anna cambio de inmediato y empezó a reír como si le hubieran contado el chiste más gracioso del mundo.
—Es la mentira más absurda que he escuchado —respondió riendo con incredulidad.
Pero el hombre sacó una carpeta de su chaqueta y la extendió hacia ella.
—Aquí verás que no miento. Mi vida corre peligro, así que no tengo mucho tiempo, pero si lees detenidamente estos documentos, lo entenderás.
Con desconfianza, Anna tomó la carpeta.
—Le dije que no tengo dinero —replicó, aún ins