42. MÁS DUDAS
No puedo continuar, porque comienza a besarme, mientras me acaricia suavemente. Cierro mis ojos, disfrutando de lo que me hace. Puedo sentir, como sus lágrimas mojan mi rostro. Lo estrecho fuerte arrepentida de haberle causado el sufrimiento de antes.
—Eve, te amo, te amo —repita al tiempo que me besa desesperadamente. — No dudes de mi amor Evelin, jamás miraré a otra que no seas tú, te amo con todas las fuerzas de mi corazón y siempre lo haré —insiste una y otra vez y casi le creo. Puede que