Cómo perros y gatos.
Doménico era muy buen besador, él lo sabía y demostraba a esa bella pero insoportable rubia que no sería un hombre al que pudiera hablarle como se le diera la gana.
Serena no supo en que momento ella se dejó llevar y siguió con el beso, su cuerpo parecía reaccionar solo, ella estaba ahí en contra de su voluntad, ¿Cierto?
Apenas Doménico la soltó, una sonora bofetada que casi despierta al sedado Rafael, cayó en la mejilla del CEO. Nadie en su vida lo había tocado, pero esa mujercita se h