La joven Ivanov estaba aturdida, no supo en que momento se dejó arrastrar por esos dos hombres a aquel restaurante, ella había puesto la pequeña bolsa con su compra a un lado y estaba leyendo la carta.
La rubia no quería siquiera voltear a ver a esos dos, le bastaba con sentir su fuerte aura, ambos herederos adinerados acostumbrados a obtener lo que quisieran, si se enfrentaran nada les sería sencillo a ninguno de los dos.
El mesero llegó para tomar la órden.
— Yo voy a ordenar un bistec