Lisandro se emociona por la propuesta indecente de Caroline. Aquel juego atractivo es algo que le causa más ansiedad, como el querer ver más de lo que cubre aquella lencería y que ella lo desate para actuar como una bestia sin dejarla descansar. Pero al parecer, Caroline quiere seguir teniendo el mando.
—Veremos…— susurra pasando el látigo lentamente por el pecho hasta llevarlo más abajo del ombligo. —¿Qué le duele, señor Caristeas? Soy una excelente doctora, especializada en sanar a los enferm