6. FALSAMENTE CASADOS.
—Sabes que no tienes que cocinar para mi. No tienes que hacer nada para mi.
—Lo sé.
—¿Entonces por qué lo hiciste?
—No lo hice para ti, lo hice para mi, pero es tu cocina y tu comida, lo mínimo que podía hacer para agradecer era darte un plato a ti también.
—Entiendo —me miró un par de segundo más y luego sonrío.
—¿Cómo... Cómo te llamas? —detuvo su mano a mitad de camino, iba directo con la cuchara para su boca.
—¿En serio, Valeska? —¡Mierda! él sí recordaba mi nombre—. Se supone que estamos f