56. LA BRUJA Y LA VILLANA.
Los días transcurrieron con perfecta normalidad. Daven actuaba como si de su boca y sobre todo de sus ojos no hubiesen salido aquellas palabras.
Sus ojos me miraban amigablemente, sonrientes, carismáticos, justo como siempre había sido.
Y yo por supuesto aproveche la oportunidad para seguir con mi vida y evitar la mirada inquisidora de Ivar cada vez que me dejaba frente al restaurante, porque de alguna manera sentía que le estaba engañando aunque no era así.
—Está noche quiero que cenemos,