20. LA CASITA FELIZ.
Pero la madrugada de ese sábado fue cuando me di cuenta que todo cambió para mi, esa madrugada eran solo las 3 de la mañana y su lindo y firme trasero estaba al aire, se notaba que había dado vueltas como loca por la cama y el pijama que era como una gran camisa de seda se había enrollado casi hasta sus caderas.
¿Una tentación? No, Valeska era un monumento a la perdición, su pelo rubio y sus labios rosados hacían que yo quisiera clamar por su atención.
Aún no sentía tanto dolor, así que decidí