Capítulo 96. Prometo no volver a escapar.
Mía Soler.
El camino hacia el coche parecía interminable. Los tacones de Luciana hacían un clic, clic, clic sobre la grava que sonaba como un reloj gigante contando cada paso que me alejaba de mamá.
Papá me llevaba en brazos, pero no era el abrazo cálido de Max. Sus brazos eran duros, como sogas que me apretaban sin querer consolar. Yo me sostenía de su pecho, escondiendo mi cara y aguantando mis ganas de llorar.
Tenía los ojos cerrados para no ver las ventanas oscuras de la casa grande que