Capítulo 72. Para siempre.
Maximiliano Delacroix
Después de varias horas de vuelo, llegamos a nuestro destino. Nos estaba esperando un coche que había alquilado días antes para poder movilizarnos en la isla.
El recorrido fue un murmullo de risas y ventanas abiertas. Mía, instalada en el asiento trasero, no dejó de cantar una canción inventada que hablaba de lunas de caramelo y de miel que caía del cielo.
Cada vez que el auto tomaba una curva, alzaba los brazos como si estuviera en una montaña rusa, y su voz se perdía