Capítulo 260. Latidos que encuentran su camino.
Amy Espinoza
Ella dejó escapar un sonido ahogado.
—¿Cómo? ¿Qué pasó? ¿Dónde está?
—Está hospitalizado… —Tragué duro—, pero ya despertó. Está bien. Está muy débil, pero está bien.
Ella respiró como si hubiera estado conteniendo el aire durante horas.
—¿Por qué no nos llamaste antes, Amy?
El nudo en mi garganta se hizo más grande.
—No quería preocuparlos sin saber si él iba a salir de esto —admití, con la voz rota—. Yo estaba muy alterada, asustada… Temía que, si ustedes se angustiaban más, eso me alteraría a mí también… y yo no podía perder el control. No ahora. Lo siento. Sé que me equivoqué… que quizás no fue la mejor decisión… pero creí que era lo mejor. No se enoje, por favor.
Hubo unos segundos de silencio.
Un silencio que sentí como una manta que por fin me cubría.
—Mi niña… —dijo mi suegra, con esa voz que siempre parecía un abrazo—. No me voy a enojar contigo… porque sé cuán complicadas son las hormonas en tu estado. No te preocupes por eso. Solo dime dónde están. Vamos salien