Capítulo 250. Ni héroe ni villano.
General Augusto Montenegro
El silencio después de mis palabras llenó toda la habitación como humo denso.
Miranda seguía frente a mí, con el fuego de la chimenea, consumiendo documentos detrás de él, mientras la alarma roja parpadeaba sobre su rostro sudado.
Intentaba sostener la pose arrogante de siempre, la de político que cree tener un as bajo la manga. Pero yo veía los detalles: la respiración irregular, las manos tensas, los ojos buscando salidas que ya no existían.
—Augusto… no hay nada qu