Capítulo 249. Él ya tiene contrapeso.
General Augusto Montenegro
Ante mis palabras, Javier se sonrió burlesco. Pero yo no bajé el arma. Tampoco la levanté. La mantuve apoyada contra mi muslo, firme, lista.
Él comprendió perfectamente el mensaje. Mi postura decía todo lo que mis palabras no necesitaban repetir.
Miranda tragó saliva. Intentó disimularlo, pero yo llevaba demasiadas décadas leyendo a hombres que creían saber fingir.
—Augusto… —empezó a decir, intentando poner su voz en orden—. Si haces algo de lo que no puedas volver,