Capítulo 21. Pagando favores.
Amy Espinoza
La mesa larga de madera oscura brillaba bajo la luz de una lámpara colgante de cristal, y los cubiertos de plata estaban dispuestos con tanta precisión que daba miedo moverlos.
Yo, en cambio, me sentía como una intrusa, como alguien que había entrado por error a un escenario donde no pertenecía.
Mía, en cambio, estaba encantada. Sus ojitos recorrían cada detalle, desde las copas hasta los platos, como si estuviera en el castillo de un cuento. Se acomodó en la silla alta frente a mí, balanceando los pies con un entusiasmo que yo había perdido hacía mucho tiempo.
—¿Puedo probar todo? —preguntó ella, con esa sonrisa que siempre consigue arrancarme un respiro en medio de la tormenta.
Antes de que yo respondiera, Maximiliano ya estaba sentado a su lado. Se había quitado la chaqueta, quedándose solo con la camisa blanca perfectamente planchada, y había arremangado los puños. El gesto, sencillo, me desarmó.
No era el magnate arrogante que había visto enfrentarse a Adrián horas a