Capítulo 134. Ausencia.
Amy Espinoza
Desperté con la luz del sol, pegándome directo en los ojos.
Por un segundo no supe dónde estaba.
El aire olía a perfume de Mía, a sábanas limpias y a algo más… a vacío.
Moví el brazo y sentí su cuerpo tibio junto al mío.
Dormía profundamente, con la boca entreabierta y las pestañas descansando sobre las mejillas rosadas.
Me quedé observándola un momento, intentando robarle un poco de esa paz que a mí me faltaba.
Salí del baño y él no estaba, por eso decidí ir a ver a mi hija. Solo