Capítulo 110. Todo va a estar bien.
Mía Soler
La noche se me hizo eterna.
Me acosté en la cama rosada que parecía sacada de una foto de revista, con todas esas muñecas mirándome como si estuvieran vivas, con sus ojos grandes de vidrio y sonrisas que nunca se borran. Al principio traté de abrazar a una, para no sentirme tan sola, pero su cuerpo era duro, no calentito como el de mamá cuando me arropa. No olía a flores ni a suavizante. Olía a plástico.
Me tapé con las cobijas, escondí la cara contra la almohada, y aun así, las lágri