Capítulo 111. Así que son ellos.
Maximiliano Delacroix
El silencio que había seguido a mi ultimátum se quebró de pronto en un murmullo inquieto. Era como el rumor de un mar oscuro, olas de susurros que subían y bajaban, que se cruzaban en ráfagas de miedo y curiosidad.
Los invitados, hasta hacía unas horas orgullosos de codearse en la finca de los Velasco, parecían ahora un grupo de desconocidos atrapados en un mismo naufragio.
Trajes arrugados, vestidos de gala que de pronto parecían disfraces incómodos, ojos que buscaban u