La tensión había disminuido, pero el cuerpo de Eloise todavía no parecía entenderlo. El miedo seguía recorriendo sus venas como un veneno lento, imposible de ignorar.
Las imágenes de lo ocurrido regresaban sin pedir permiso: el brazo de Gabriel rodeando su cuello, el frío metálico del arma presionando contra su sien, la respiración acelerada, el pánico gritando dentro de su cabeza mientras intentaba mantenerse serena.
Y después… el instante en que todo terminó.
El momento en que Augusto