PLAN…
El hombre que acababa de entrar, Carlo, observaba la escena con un interés calculado, como si fuera un espectador en una obra de teatro cuyo final ya conocía. Su sonrisa impecable no alcanzaba a ocultar del todo la intensidad de su mirada. Alana sentía que la estaba evaluando, juzgando su postura, su voz, incluso el modo en que apretaba los labios para contener sus pensamientos.
—Bien, Alana. Vamos directo al grano —dijo Carlo, rompiendo el silencio —. Parece que hay asuntos importantes d