RUCHINA WITHAM.
La mujer dejó escapar una risa corta, sin humor, y luego se cruzó de brazos.
—Puedes llamarte como quieras, pero no cambiarás lo que eres. Eres y siempre serás una Duncan, y eso es algo que no puedes borrar —Su voz era cortante, llena de odio, apenas contenido y Alana pensó que Ángelo le había dicho demasiado.
—¿Quién eres? —preguntó, tratando de mantener la calma a pesar de la hostilidad que sentía.
—Ruchina Witham —respondió la mujer, con una sonrisa gélida—. He estado al lad