41. Anhélandote
Un respirar calmado sale de su esposo. Rafael se desabotona la muñeca de su traje, se aligera la corbata y desordena su cabello castaño. Con pasos lentos toma asiento en el sofá y en el camino lleva a su mano una copa del ron servido decorativo de la sala. Azucena no lo deja un segundo, a la expectativa de escucharlo. Le sorprende su forma calmada de tomar las cosas, de tomar ésta pregunta.
Lo que le sorprende más es que la toma de la mano y la atraiga hacia él.
—¿Rafael?
—Toma asiento, preciosa