42. El deseo de Erick
—Hola, querida prima. Lamento molestarte —con la voz de Erick dentro de sus cabales Azucena parpadea para despertar del sueño—. ¿Puedo pasar?
—Erick —Azucena dice bastante sorprendida—, vaya, es un placer verte y qué causalidad saber que estás en Mérida —no es mentira. Tener aquí a su primo es una enorme sorpresa—. Y, eh, claro. Claro que puedes pasar. Martha, llévalo a la otra sala que está al final. ¿Sí? Me cambiaré rápido.
—Gracias, gracias —Erick no tarda en pasar. Su mirada recorriendo la s