—¡La Wild Mouse es mi montaña rusa favorita! — Me arrastra hasta el coche de atrás, y nos subimos, bajando la barra sobre nuestro regazo
—Ni siquiera tiene correas para los hombros, — me quejo tratando de empujar la barra hacia abajo, sobre nuestras piernas, tanto como me sea posible.
—No seas un bebé, — ella se burla mientras nos movemos hacia adelante, yendo directamente a la subida cuesta arriba.
—Si esta cosa se sale de los rieles, te culpo a ti.
No tenemos oportunidad de decir nada más.