Capítulo 80 – Un nombre y un padrino
La mañana en la mansión Montenegro comenzó con un sol radiante que se filtraba a través de las enormes ventanas, iluminando la habitación en la que Isabela aún dormía plácidamente. Gabriel, sin embargo, ya estaba despierto, sentado en un sillón junto a la cuna, con su hijo en brazos.
Lo observaba con admiración, su mirada fija en esa pequeña criatura que, en su mente, era la culminación de todo lo que había deseado: su sangre, su legado. El bebé dormía tranq