Capítulo 20: Marcada y sometida
Gabriel contempló la obra terminada con una satisfacción oscura.
Su nombre grabado en la piel de Isabela. Un recordatorio imborrable de quién era su dueño.
Se excitó demasiado al verla así.
Su respiración se volvió más pesada mientras recorría con la mirada cada trazo del tatuaje. La piel enrojecida, aún sensible, resaltaba su marca como una declaración absoluta de posesión. Isabela seguía atada, su cuerpo expuesto y vulnerable, su pecho subiendo y bajando con ca