Narrado por Ronan
Salir de la habitación donde está Liora es, sin exagerar, un acto de tortura. Mis pasos pesan como si el suelo quisiera retenerme… o quizá sea mi propio lobo, furioso, golpeando mi mente para obligarme a volver con ella.
No “nuestra” omega.
Liora.
Y aun así… cada vez que inhalo su olor a nieve y fuego suave, Barack —mi lobo, mi sombra, mi instinto— ruge un único mandamiento:
«Protégela. Vigílala. Regresa.»
Mis manos tiemblan. Las venas se tensan. El cambio amenaza con romperme los huesos por dentro. La piel se ondula, mis uñas se estiran transformándose en garras, y tengo que apoyarme contra la pared para no perder el control.
Porque ella despierta algo en mí.
No algo simple. No algo sensato.
Algo primitivo.
Algo que se parece demasiado al hogar… ese hogar que perdí hace tiempo.
Pero Liora no es mía.
No existe un vínculo. No todavía.
Solo es una sobreviviente que rescaté de una red de horrores, una mujer que no debería sentir nada más por mí