Estoy sentada en el bar, sola.
El ambiente vibra demasiado alto para mi cabeza. Música, risas, vasos chocando… todo se mezcla en un ruido que me aprieta el pecho.
Kian habla. Habla mucho.
No entiendo la mitad de lo que dice, pero asiento de vez en cuando, fingiendo interés. Es más fácil así. Más seguro. Mientras él hable, nadie hace preguntas.
Mis manos descansan sobre mis piernas, tensas.
Estoy consciente de cada mirada. De cada movimiento.
No me gusta este lugar.
Kian desaparece un momento y