Liora
Acaricié la mejilla de Ronan con la punta de los dedos.
—¿Podemos entrar? —pregunté.
La sonrisa que apareció en su rostro fue inmediata.
Salió del vehículo antes de que pudiera decir algo más y rodeó la camioneta para abrirme la puerta. Tomó mi mano y me condujo por el sendero de piedra hasta la amplia terraza que rodeaba la cabaña.
Mientras avanzábamos, no pude evitar observarlo todo.
La madera oscura. Las luces cálidas. La vista del lago brillando bajo la luna.
Por primera vez en mucho